18.6.06

Italia en barco

O il dolce far niente a Tropea!

Siamo in partenza al porto di Barcellona! llegando a Civitavecchia (Italia) después de las 20 hs de barco para cruzar el mar Mediterráneo! un viaje alucinante, viendo atardeceres increíbles en un mar infinito, tomando el sol en la terraza y junto a la piscina. 

Unas 12 horas más tarde estábamos cruzando el estrecho entre las islas de Córcega y Cerdeña donde era posible ver nítidamente el contorno montañoso de ambas islas que se dibujaban en el horizonte a ambos lados del barco. 
Ya caída la noche y esperando poder ver el partido de fútbol entre Argentina y Costa de Marfil del mundial Alemania 2006, encontré las comodísimas butacas de la sala de cine donde pude festejar el triunfo de Argentina por 2-0! Simplemente espectacular!

Al día siguiente desembarcamos en el puerto de Civitavecchia y luego de un corto viaje en tren llegué a la bellíssima cità di Roma donde tuve la suerte, entre tren y tren, de volver caminar otra vez por las entrañables callecitas de Roma, tocar las paredes del Coliseo, tirar la monedita en la Fontana di Trevi, donde el destino me demostró una vez más que el mundo es demasiado pequeño ya que me encontré una ex compañera de trabajo en Barcelona (Andrea de Colombia). En mi afán de querer ver tooodo de Roma una vez más me perdí por sus callecitas hasta encontrar Piazza Spagna y el Panteón. Tampoco me quise perder el vaticano y claro, mi querida Piazza Navona! para la próxima será repetir Trastévere.

Sólo unas horas más de tren y amanecí en Tropea, un pueblito medieval construido al filo del acantilado en la región de Calabria, allá bien al sur donde casi termina el continente y pegadito a Sicilia.

Nunca había escuchado hablar de Tropea hasta que mi amiga Nat me lo recomendó (grazie mille principessa!) Qué lindo pueblito! qué playas! acantiladas y de arenas súper blancas! el mar tan cristalino y que nada tiene que envidiar al azul turquesa del Caribe! un paraíso para descansar, olvidarse del mundo y ver los atardeceres más románticos que tiñen el cielo y el mar de rosas, naranjas y violetas increíbles, dibujando la silueta de las Islas Eolias en el horizonte, con el siempre humeante volcán de Stromboli. Las Eolias son 7 islas: Lípari, Vulcano, Salina, Panarea (VIP), Stromboli, Filicudi y Alicudi. Menos Panarea que pertenece al del jet-set, las demás se pueden visitar en un día de barco, saliendo tempranito desde Tropea.

Lípari fue la primera en que bajamos, es un pueblito antiguo muy chiquito pero con historia. Por ahí estuvieron griegos, romanos y hasta el mismísimo pirata Barbarroja. En Vulcano mejor ir con más tiempo para subir al cráter y ver el humo que de él emana con nuestros propios ojos. El azufre provenientede las emanciones volcánicas además de teñir la isla de un color amarillo, impregna el aire de un fuerte y desagradable olor. Ésto parece no importarle a alguna peronas, que en cambio aprovechan para darse un relajante baño de fango de volcán en el pantano que está a los pies del cráter.
 
La siguiente parada fue en Strómboli, un volcán gigante que también está en continua actividad y que también se puede subir hasta el cráter. La última vez que despertó fue en 2003 y hay muestra de ello en la negra pared occidental.

Ya de vuelta en Tropea, nada más queda que disfrutar del dolce far niente aprovechando sus idílicas playas, la cucina calabresa con il pesce spada, la pizza hecha en horno de leña y la cassata! Siempre acompañadas de la simpatía de los italianos que están más que dispuestos a ayudar y hacer sonreir.

Ya al final de las vacaciones no hubo más remedio que tomar el tren de vuelta a Civitavecchia donde otras 20 horas de barco me devolvieron a las costas de Barcelona donde me estaban esperando las torres Mapfre, el Tibidabo y la antena de Colserolla, la torre Agbar y las chimeneas de Badalona dibujando el horizonte de la Ciutat Comtal.